17 de enero: Día del Protector Animal

Ivana González y la tarea que casi nadie ve, pero que muchos animales necesitan

Para la mayoría de la gente, el 17 de enero pasa sin dejar huella. Es un día más. Pero para quienes aman y cuidan animales, es una fecha que invita a detenerse y mirar a esas personas que, todos los días, hacen algo que no siempre se ve y casi nunca se agradece.

Hoy queremos hablar de Ivana González, conocida por muchos como La Colo o La Colorada. No es famosa. No busca reconocimiento. Pero desde hace años está ahí, sosteniendo una tarea dura, constante y profundamente humana: cuidar animales que fueron abandonados.

Ivana trabaja en el refugio canino desde hace mucho tiempo. Y hay algo que quienes no están en ese lugar quizás no dimensionan: los animales no entienden de feriados, no saben qué día es, no esperan a que alguien tenga tiempo. Tienen hambre todos los días. Necesitan atención todos los días. Y alguien tiene que estar.

Ella está.

No hay sábados libres, no hay domingos tranquilos, no hay feriados completos. Hay rutina, hay limpieza, hay alimento, hay miradas que esperan. Y hay cansancio. Mucho cansancio.

Aun así, cuando vuelve a su casa, su tarea no termina. Incluso cuando no se siente bien, incluso cuando el cuerpo pide descanso, sigue cuidando. Si suena el teléfono por un animal en peligro, atiende. Si hay una urgencia, responde. No porque le sobre fuerza, sino porque no sabe mirar para otro lado.

En sus redes sociales habla de castraciones, de prevención, de responsabilidad. No lo hace para quedar bien. Lo hace porque sabe que cada animal que nace sin control es un posible abandono futuro. Y decir eso, muchas veces, incomoda.

Ivana es frontal. No es de medias tintas. Eso puede generar rechazo, discusiones, enojos. Pero quienes la conocen saben que su carácter nace de la impotencia de ver siempre lo mismo: animales descartados, enfermos, lastimados, y pocas manos para ayudar.

No pelea por pelear.
Pelea porque duele.
Porque duele ver tanto abandono.
Porque duele que la carga siempre caiga sobre los mismos.

Como muchos protectores, Ivana paga un precio alto: desgaste emocional, agotamiento físico y una vida personal muchas veces postergada. Aun así, sigue. Porque para ella, cada animal importa.

Sabemos que hay muchas personas que cuidan y aman a los animales. Todas merecen reconocimiento. Hoy elegimos contar la historia de Ivana porque en ella se refleja una realidad que se repite en silencio: personas comunes haciendo cosas enormes, sin aplausos, sin descanso, solo por amor.

En este Día del Protector Animal, su trabajo nos recuerda algo simple y profundo:
que cuidar también es resistir,
que amar también cansa,
y que hay personas que, aun cansadas, no abandonan.

Y gracias a eso, muchos animales siguen vivos.