2026: un año para volver a mirarnos a los ojos

Con la llegada de un nuevo año, el calendario nos regala algo más que una fecha renovada: nos ofrece la posibilidad de empezar de nuevo. El 2026 se abre paso en un mundo acelerado, ruidoso, muchas veces cansado, donde la paciencia parece escasa y el amor al prójimo, a veces, queda relegado por la urgencia de tener razón.

Vivimos conectados como nunca antes, pero no siempre comunicados. Las redes sociales, que nacieron para acercarnos, con frecuencia se transforman en escenarios de enojo, odio y envidia. Detrás de una pantalla, olvidamos que del otro lado hay una persona con historia, con miedos, con sueños y con heridas que no vemos. Una palabra escrita sin pensar puede doler más que un silencio prolongado.

Este nuevo año nos invita a frenar. A practicar la paciencia en un tiempo que exige respuestas inmediatas. A elegir el respeto cuando el impulso nos empuja a la crítica fácil. A entender que no todo desacuerdo es un ataque, y que no todo error merece un castigo público.

Pensar en el prójimo también es valorar lo que tenemos. El lugar donde vivimos, con sus errores y virtudes, nos define y nos sostiene. No es perfecto, como no lo somos nosotros, pero es nuestro punto de partida. Reconocer eso es un acto de gratitud y de responsabilidad.

El 2026 puede ser el año de los pequeños gestos: escuchar más, juzgar menos, tender una mano en lugar de señalar con el dedo. Puede ser el año en el que aprendamos a ponernos en el lugar del otro, a sentir con el otro, a entender que nadie se salva solo.

Que este nuevo comienzo nos encuentre más humanos, más conscientes y más solidarios. Porque al final, lo que verdaderamente deja huella no es lo que decimos en voz alta ni lo que publicamos, sino cómo tratamos a los demás cuando nadie nos está mirando.

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