Cuando una madre no suelta la mano

Una madre habla desde el dolor más profundo, pero también desde la fe, la valentía y el amor incondicional. Un testimonio que nace de las lágrimas, del cansancio extremo y de no soltar jamás la mano de un hijo, aun cuando todo parece derrumbarse.

He crecido viéndome superar cada obstáculo que la vida me ha puesto delante mío. He pasado días enteros sin poder dormir, sin voz producto de mis nervios, pero no obstante a ello, entre las preocupaciones, la angustia y los problemas, me he sabido levantar cada día con una sonrisa y, por sobre todas las cosas, siempre con mi fe en Dios.

He visto cómo mi familia se destruía y muchas veces me preguntaba ¿por qué? y ¿hasta en qué fallé? He pasado por situaciones y momentos que no se los deseo a nadie y que ninguna madre debería pasar.

He golpeado puertas, buscando ayuda, asesorándome, agotando todas las posibilidades, y he vivido en carne propia cómo en muchas ocasiones se pasan “la bolilla unos a otros”, de acá para allá, como una manera de “lavarse las manos”, a mi entender. No sé si por desconocimiento, incompetencia o simple falta de interés.

Hoy puedo decir infinitamente gracias a todas esas personas que desde el primer momento no me soltaron la mano. Hoy puedo darle las gracias a esa otra mamá que se atrevió a hacer lo correcto, porque un hijo para una madre es lo más importante. Gracias N y E por escucharme y brindar su ayuda desde el momento cero.

Gracias a todas esas personas que Dios puso en mi camino en estos momentos, gracias a aquellas que demostraron su empatía, porque sabían quién era mi hijo. Y junto a mí la remaron. Gracias a esa mamá que ayer me dijo: “tu hijo siempre va a tener un lugar en mi mesa”. Eso como madre me llena de orgullo, porque sé a quién eduqué y cómo lo eduqué, pese a los comentarios de muchos otros.

Para aquellas madres y padres que pasen por una situación similar, desde mi anonimato les digo que confíen, tengan fe y hagan lo que se debe hacer en estos casos: que se animen, que el miedo y el hacer “la vista gorda” no soluciona nada; por el contrario, empeora la situación día tras día. ¿Y saben qué? Yo no quiero una sociedad donde se destruyen todo tipo de familias, porque no solo las destruyen a ellos, sino a toda esa familia que en realidad los ama y sabe cómo son en realidad.

Vuelvo a decir “Sí, se puede!!!”, en agradecimiento a ellos dos particularmente; sé que ellos saben quiénes son. Infinitamente gracias por todo.

Feliz Año Nuevo para todos.