16 Cada 8 de enero, miles de personas en la Argentina —y también en países limítrofes— recuerdan y veneran al Gauchito Gil, una de las figuras más extendidas del culto popular. Sin reconocimiento oficial por parte de la Iglesia Católica, su devoción se mantiene viva desde hace más de un siglo y expresa una religiosidad profundamente arraigada en sectores populares, atravesada por promesas, peregrinaciones y símbolos propios.Orígenes históricos y nacimiento del mitoLa tradición sitúa el origen del Gauchito Gil en Antonio Mamerto Gil Núñez, nacido a mediados del siglo XIX en la provincia de Corrientes, en un contexto de guerras civiles, levas forzosas y fuerte desigualdad social. Según el relato más difundido, Gil fue reclutado para combatir —algunas versiones lo ubican en la Guerra de la Triple Alianza, otras en enfrentamientos internos—, pero desertó al negarse a matar compatriotas.Convertido en un perseguido por la autoridad, habría vivido como gaucho matrero, robando a los ricos para ayudar a los pobres, lo que cimentó su fama de justiciero. Finalmente fue capturado y ejecutado el 8 de enero de 1878, cerca de la actual ciudad de Mercedes, Corrientes. Antes de morir, habría anunciado a su verdugo que rezara por él, ya que su hijo estaba gravemente enfermo; de hacerlo, sanaría. El cumplimiento del milagro dio inicio a la devoción.Aunque no existen documentos históricos que confirmen estos hechos con precisión, el relato oral fue transmitiéndose y consolidándose como mito fundacional.De gaucho perseguido a santo popularTras su muerte, comenzaron a multiplicarse los testimonios de favores y milagros atribuidos al Gauchito Gil: curaciones, protección en viajes, ayuda en situaciones económicas extremas y defensa frente a injusticias. La tumba improvisada en el lugar de su ejecución se transformó en santuario, y desde allí el culto se expandió a rutas, pueblos y ciudades.El color rojo —presente en cintas, banderas y altares— se volvió su principal símbolo, asociado tanto a la sangre derramada como al federalismo y a la protección contra el mal. A diferencia de los santos canonizados, la devoción al Gauchito Gil se sostiene en la reciprocidad: el creyente promete una ofrenda a cambio de un favor concedido, y debe cumplirla públicamente.El Gauchito Gil hoy: una devoción vigente y transversalEn la actualidad, el santuario principal en Mercedes recibe cada 8 de enero a cientos de miles de peregrinos, convirtiéndose en una de las manifestaciones religiosas populares más convocantes del país. La figura del Gauchito Gil también se ha integrado al paisaje cultural argentino: altares al borde de rutas, camiones y taxis con cintas rojas, música, arte popular y referencias en la cultura urbana.Su culto trasciende clases sociales y regiones. Devotos lo invocan como protector de los humildes, de los trabajadores informales, de los viajeros y de quienes se sienten desamparados por las instituciones. Para muchos, representa una justicia alternativa, cercana y humana, frente a un sistema percibido como distante.La Iglesia Católica no reconoce oficialmente su santidad, pero en los hechos convive con la devoción popular, que combina rezos tradicionales, prácticas paganas y creencias locales.Un fenómeno cultural y socialMás allá de la fe, el Gauchito Gil es objeto de estudio de historiadores, antropólogos y sociólogos, que lo interpretan como expresión de resistencia cultural, identidad regional y construcción simbólica del héroe popular. Su figura dialoga con otros santos no canonizados del país y revela cómo las comunidades elaboran respuestas espirituales propias ante la exclusión, la violencia y la incertidumbre.A 147 años de su muerte, el Gauchito Gil continúa siendo una presencia activa en la vida cotidiana de miles de personas. Cada 8 de enero, la Argentina renueva una devoción que combina historia, mito y necesidad de creer.