(Adolfo R. Gorosito, diciembre 2024) – El anciano camina despacio, como midiendo distancias, cargadas sus espaldas con sucesivas juventudes. De pronto oye una voz que le pregunta:
-¿En qué pìensas mientras caminas en esta fresca mañana primaveral?…
-¡En tantas cosas, amigo!… ¿Ves aquellos jovencitos que corretean sin dejar de charlar alegremente? Pienso que sería bueno charlar con ellos, preguntarles cosas y sobre todo que ellos me pregunten. Les contaría lo mejor de mis recuerdos, como para abrir el camino que permita compartir experiencias y emociones.
-¿Y por qué no lo haces?
-Tal vez porque me invaden los prejuicios tan banales como inoportunos. Pienso en el momento crucial del acercamiento de un hombre con tantas juventudes acumuladas a ese mundo renovado y misterioso, vulnerable y brillante de la adolescencia.
-Tu razonamiento es comprensible, amigo. Pero por aquello del tiempo que pasa y no permite volver hacia atrás, no lo dejes transcurrir. La incertidumbre del futuro está aquí nomás. No dejes para mañana…
-Si, y te agradezco esta charla al paso. Se ha dicho sabiamente que el futuro es ahora, en la apurada definición del ayer, de hoy y del mañana.