117 (Adolfo R. Gorosito, abril 2022) – Muchos latinoamericanos creen que el conflicto entre la Federación Rusa y Ucrania no nos afectará, por razones de distancia, o porque estamos ajenos al motivo de la conflagración. Pero los episodios de aquella guerra geográficamente lejana cambian día a día. Putin, líder ruso, afirma que en Ucrania actúan los neonazis, a quienes está resuelto a eliminar, pero habla menos de sus proyectos expansivos.En su actitud sin atenuantes dijo que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTÁN) está contra Rusia y que todo el mundo occidental es su enemigo. Dispone de armas nucleares y químicas de gran poder de destrucción. Amenaza a países vecinos (Suecia y Finlandia, por ejemplo) por si se les ocurre incorporarse a la OTÁN. Sigue destruyendo ciudades y matando a miles de militares y civiles, fiel a su consigna. ¿Cómo puede un hombre señalar el destino de millones?La historia de la humanidad está plagada de situaciones similares, manejando ambiciones e imponiendo como lema la lucha del hombre contra el hombre. Una comprobación de actualidad es la violencia desatada en Jerusalén, precisamente donde Jesús transcurrió su pasión y muerte, y nada menos que en Viernes Santo. Son arbitrariedades del ser humano desaforado, apartado de la posibilidad de vivir en paz y desplegar sus reservas de intelectualidad, también dación de Dios.Estas atrocidades siguen asolando al mundo. Se desdibujan las enseñanzas que recibimos en nuestra niñez, ya que la violencia demuestra su crudeza y renueva motivos. Por eso y mucho más las guerras nunca están lejanas.