La guerra por la caja del juego: Santillán cayó en la interna que enfrenta a Kicillof con Magario

La salida de Marcelo Santillán del Instituto de Loterías y Casinos de la provincia de Buenos Aires no fue un simple recambio administrativo. Fue la primera víctima visible de una interna feroz por el control de uno de los negocios más sensibles y millonarios del Estado bonaerense.

Formalizada el 31 de marzo de 2026, su renuncia expone sin filtros una disputa que el oficialismo intenta mantener bajo control: quién maneja la “caja” del juego y bajo qué reglas.

Lo que se discute no es un expediente. Es poder.

Millones, tragamonedas y un contrato bajo sospecha

El conflicto se desató alrededor de un contrato de hasta 20 años para la explotación de máquinas tragamonedas en casinos clave como Mar del Plata, Tandil, Miramar y Necochea.

En el centro de la escena aparece un actor histórico: Boldt S.A., la empresa que domina el negocio del juego en la provincia desde hace décadas.

La discusión no era menor. El contrato en análisis implicaba consolidar por dos décadas el control privado de una de las principales fuentes de ingresos del sistema de juego bonaerense.

Según distintas fuentes políticas y del sector, las condiciones incluían niveles de rentabilidad considerados excesivos para el operador privado. En otras palabras: un esquema que, para algunos sectores del propio oficialismo, comprometía recursos públicos en favor de intereses empresarios.

Ahí empezó todo.

La interna: cuando el negocio escala a la cúpula del poder

El expediente quedó trabado durante meses. Pero el problema nunca fue técnico.

Santillán, entonces secretario ejecutivo del Instituto, se plantó contra los términos del acuerdo. Se negó a convalidar el avance de la licitación en las condiciones planteadas.

Esa decisión lo puso en colisión directa con el presidente del organismo, Gonzalo Atanasof, y con sectores del Ejecutivo provincial que buscaban cerrar el proceso.

Pero el trasfondo iba mucho más arriba.

Distintas lecturas políticas ubican a Santillán dentro del esquema de la vicegobernadora Verónica Magario. Y la disputa por el juego empezó a leerse como parte de una tensión más amplia dentro del oficialismo.

De un lado, el entorno del gobernador Axel Kicillof, con intención de avanzar y ordenar el sistema.
Del otro, sectores alineados con Magario, que cuestionaban el contrato y advertían sobre condiciones desfavorables para el Estado.

La licitación dejó de ser una discusión administrativa y se convirtió en un capítulo más de la interna en la cima del poder bonaerense.

Boldt, la caja y el punto de quiebre

El nombre de Boldt terminó de tensar el escenario.

La posibilidad de extender su participación en el negocio por dos décadas encendió alarmas dentro de la propia coalición de gobierno. Las críticas apuntaban a supuestas “cláusulas leoninas” y a un esquema que consolidaría un modelo de fuerte dependencia del Estado respecto de un operador privado.

Para otros sectores, en cambio, cerrar el contrato era una forma de destrabar años de indefinición y garantizar previsibilidad.

Ese choque de visiones paralizó el organismo.

Y cuando la gestión se frena en un área donde circulan millones, la política interviene.

La resolución: prórroga y cabeza política

Sin acuerdo posible, el gobierno provincial optó por una salida transitoria: prorrogar las concesiones vigentes hasta diciembre de 2026.

La decisión evitó una ruptura mayor, pero dejó en evidencia que el conflicto estaba lejos de resolverse.

La consecuencia fue inmediata.

Santillán, convertido en el principal obstáculo para avanzar, fue desplazado. Su renuncia no cerró la interna: apenas ordenó momentáneamente el tablero.

El mensaje político fue directo: la gestión no podía seguir bloqueada.

El día después: nadie cae del todo

En la lógica del poder bonaerense, las caídas rara vez son definitivas.

Santillán conserva respaldo dentro del oficialismo, particularmente en el espacio vinculado a Magario. Por eso, su salida de Loterías no se lee como una expulsión, sino como parte de un reacomodamiento.

Las opciones están sobre la mesa:

  • un lugar en el Ejecutivo, con menor exposición
  • un rol legislativo
  • o funciones dentro del armado territorial

En la Provincia, los jugadores no se retiran: cambian de posición.

Un conflicto que sigue abierto

La prórroga hasta 2026 no resolvió el problema de fondo. Apenas lo pateó.

La discusión sigue siendo la misma: quién controla el negocio del juego, en qué condiciones y con qué reparto de poder.

El episodio dejó algo claro.

El Instituto de Loterías no es solo un organismo técnico. Es una de las terminales donde se cruzan política, dinero e intereses estructurales.

Y la salida de Santillán no fue el final de nada.

Fue apenas el primer movimiento visible de una disputa que sigue activa, que escala y que todavía no encontró equilibrio.

Porque en la provincia de Buenos Aires, cuando se discute poder,
nadie se corre:
todos se reacomodan.

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