0 (Adolfo R. Gorosito, febrero 2026) – En el calendario anual se ha producido la primera fuga de importancia. Enero se ha escurrido de la atención general y ya transcurre el segundo mes del año, desafiante y misterioso.Ante la maniobre repetida y rutinaria de quitarle hojitas al almanaque, ha caído la del primer del año y así nos asegura que estamos en la huella inevitable, es decir la sucesión de días, semanas y meses que son implacables indicativos del tiempo que se va.Siempre me han llamado la atención las estrofas que ilustran el trajín del carrero, esa figura literaria a la que le sobra el tiempo y reclama que dejen así nomás, con el quejido monótono del eje sin engrasar. Le interesa ese quejido porque ya no tiene en qué pensar, anunciando que antes tenía motivos pero ya no tiene más.Dejemos por ahora a ese hombre con el destino marcado en la nada, y sigamos con “Don Febrero”, el mes más corto del año y con sus días de locura agitando las hilachas del “Rey Momo” en el Carnaval. Y ya no sigo en este comentario inútilmente distractivo (si es que cabe esta estúpida palabra) porque se terminó por hoy la inútil serpentina.