0 Adolfo Rubén Gorosito (marzo de 2020–2026) – En esta misma columna hemos escrito en reiteradas oportunidades sobre el tema de la paz y la guerra. No lo hemos hecho como una apología de La guerra y la paz, la célebre novela, sino como una reflexión necesaria sobre una cuestión que atraviesa la historia de la humanidad.En esta ocasión deseo volver sobre el tema, porque lo que está ocurriendo en el mundo llama poderosamente la atención. O tal vez no llame tanto la atención a quienes observan desprevenidamente la realidad. Sin embargo, es también una forma de recordar el valor de la libertad y de reconocer que somos, hasta ahora, un país absolutamente libre y, además, tradicionalmente equidistante de los conflictos del mundo.No obstante, en esta última etapa del actual gobierno se ha declarado públicamente que Argentina está del lado de Israel, mientras que Irán, por su parte, ha manifestado considerar a la Argentina como enemiga. Frente a estas circunstancias debemos reflexionar sobre el verdadero sentido de las palabras paz y guerra, conceptos que para nosotros adquieren un profundo significado.Recordé también el comienzo de la novela Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque. En sus primeras páginas imagina la escena de un soldado en la trinchera que se encuentra con otro combatiente. En el enfrentamiento inmediato, uno de ellos mata al otro sin saber quién era ni siquiera a qué ejército pertenecía. Con esa escena el autor intenta mostrar cuánto daño puede provocar una guerra, especialmente cuando se desconocen los grandes principios y las verdaderas responsabilidades de los gobernantes.Nos preguntamos entonces, con toda simpleza y sinceridad: ¿por qué la guerra? Y muchas veces no encontramos una explicación clara. A menudo las respuestas se apoyan en argumentos políticos o económicos.Todo esto resulta profundamente triste. Para nosotros es inevitable referirnos a un asunto tan importante que, paradójicamente, para muchos parece carecer de sentido. Lo leen o lo miran por televisión con cierta indiferencia. Pero no se puede ser indiferente. Es necesario expresar con sinceridad y sensibilidad aquello que se desea para el bien de la patria.Tal vez poco podamos hacer, porque no tenemos la fuerza ni la voz de quienes gobiernan. Sin embargo, al menos podemos comprender y afirmar que el concepto de guerra sigue siendo, en esencia, incomprensible: es el hombre luchando contra el hombre. Y eso confirma una verdad que atraviesa los siglos y permanece inextinguible.