Argentina tiene uno de los sistemas universitarios públicos más grandes de América Latina.

Actualmente existen alrededor de 67 universidades públicas nacionales en todo el país y más de 2,5 millones de estudiantes cursando estudios superiores. De ellos, más de 2 millones estudian en universidades públicas.

La universidad pública argentina fue y sigue siendo una herramienta enorme de movilidad social y una oportunidad para millones de familias.

Pero también existe otro dato que preocupa:
La deserción universitaria supera el 50% en muchas carreras y solamente alrededor de 3 de cada 10 estudiantes logran terminar sus estudios en tiempo razonable.

Por eso hoy necesitamos animarnos a debatir algo más profundo:
¿Qué profesionales necesita la Argentina del futuro?

Hoy nuestro país tiene aproximadamente 1 abogado cada 317 habitantes, una de las cifras más altas del mundo.

Comparación internacional:
Argentina: ~148.000 abogados | 47 millones de habitantes | ~315 abogados cada 100.000 habitantes.
China: ~650.000 abogados | 1.410 millones de habitantes | ~46 abogados cada 100.000 habitantes.
Estados Unidos: ~1,3 millones de abogados | 340 millones de habitantes | ~382 abogados cada 100.000 habitantes.
Brasil: ~1,4 millones de abogados | 203 millones de habitantes | ~690 abogados cada 100.000 habitantes.
Alemania: ~165.000 abogados | 84 millones de habitantes | ~196 abogados cada 100.000 habitantes.
Japón: ~45.000 abogados | 124 millones de habitantes | ~36 abogados cada 100.000 habitantes.

Y acá no se trata de atacar ninguna profesión.
Los abogados cumplen un rol fundamental en cualquier sociedad organizada y democrática.

Pero los números muestran algo más profundo: durante años fuimos formando una estructura más preparada para administrar conflictos, burocracia y litigios, que para producir, innovar y desarrollar tecnología.

Mientras el mundo avanza hacia la inteligencia artificial, automatización, energías renovables, robótica, biotecnología, logística avanzada e industria tecnológica, Argentina sigue teniendo una enorme falta de ingenieros, técnicos, programadores y especialistas vinculados al desarrollo productivo.

El mundo cambió.
Y el pensamiento también tiene que cambiar.

La universidad pública debe seguir siendo un orgullo nacional, pero también debe conectarse mucho más con las necesidades reales del futuro.

Nuestros hijos necesitan herramientas para crear, producir, innovar y competir en el mundo que viene.

Porque los países que progresan no son los que generan más burocracia.
Son los que generan más conocimiento aplicado, más tecnología, más producción y más oportunidades.

El debate educativo que vienePor Juan Manso