¿Por qué los homenajes tienen que esperar?

Hay fotografías que no solo conservan un momento, sino también una parte de la historia de un pueblo. Esta imagen, tomada hace más de cincuenta años frente al Hospital Municipal Anita Eliçagaray, es una de ellas.

En ella aparecen médicos, enfermeras <con la tradicional cofia, símbolo de la profesión en aquellos años> y personal del hospital que dedicó gran parte de su vida al cuidado de la salud de los vecinos. No es una fotografía solemne. Por el contrario, refleja sonrisas, compañerismo y la calidez de un equipo humano que compartía mucho más que una jornada laboral: una verdadera vocación de servicio.

Un lector, que no tiene redes sociales, quiso hacer llegar una reflexión que invita a pensar.

«¿Por qué los homenajes tienen que ser siempre póstumos?»

Con el paso de los años, esta fotografía adquirió un valor aún mayor. Según recuerda el lector, de todas las personas que aparecen en ella solo permanecen con vida el Dr. Villada y la enfermera Hilda López.

Entre ellos se encuentra el Dr. Villada, quien recientemente cumplió 82 años. Durante décadas fue médico del Hospital Municipal, atendiendo a miles de vecinos con profesionalismo y compromiso. Además, tuvo la responsabilidad de dirigir la institución, dejando una huella imborrable en la historia de la salud pública de nuestra comunidad.

Muchas veces los pueblos recuerdan y homenajean a quienes hicieron grandes aportes recién cuando ya no están. Sin embargo, el verdadero reconocimiento es el que llega a tiempo, cuando todavía puede emocionar, agradecer y devolver, aunque sea en parte, todo lo que esas personas brindaron durante su vida.

Esta fotografía no solo rescata una época. También nos recuerda a hombres y mujeres que hicieron del hospital su segunda casa, que trabajaron con entrega y dedicación, y que fueron protagonistas silenciosos de miles de historias de vida.

Quizás haya llegado el momento de mirar nuevamente esa imagen y comprender que los homenajes no deberían esperar.

Porque un «gracias» dicho en vida vale mucho más que cualquier placa colocada después. Y porque reconocer a quienes construyeron la historia de una comunidad también es una forma de honrar nuestra propia memoria.

Ana María Giménez DNI 11.461.722

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