Escritores Locales Reflexiones en tiempos de conflicto Andres19/04/202603 views Ya hemos conversado la semana pasada sobre las novedades que presentan los países involucrados en la guerra, y resulta muy difícil tomar una posición respecto de cada uno. Incluso es complejo discernir quién tiene mayor o menor responsabilidad. Son varios los países implicados y cada uno esgrime sus propias razones. Sin embargo, tristemente, mientras multitudes se ven arrastradas al conflicto, al peligro y a la muerte, el factor económico sigue siendo el que más resalta y perdura: el precio del petróleo, aunque parezca mentira, está dominando la situación. En este contexto, no se puede hablar con claridad de culpas mayores o menores. Mientras tanto, todo se desarrolla de una manera cruel, como ocurre en todas las guerras: con crueldad y muerte sin solución de continuidad. Desde lejos, también resulta triste observar a personas que no le dan importancia a la situación y se distraen con trivialidades, sin reflexionar sobre lo que realmente puede ser más importante para nosotros. Porque, sin duda, estamos involucrados. Las autoridades nacionales han intentado preservar la situación, alineándose con intereses de Estados Unidos y con una supuesta estructura de poder más amplia —una especie de “cortina” que incluye a países como Israel y Argentina— que parece imponerse a su antojo. Esto no debería ser así. También debemos cuidar nuestros propios intereses. Y, justamente, hablando de intereses, resulta anacrónico y, al mismo tiempo, profundamente brutal adoptar el mismo estilo de vida y de pensamiento que conduce a la guerra: involucrarse, tomar partido, luchar por el bien o por el mal, sin considerar que estamos sacrificando las posibilidades de paz y de unidad. Una paz que debería incluir a la Argentina como un país productivo y próspero. Es triste llegar a esta conclusión, pero debemos ser capaces, incluso en nuestras expresiones más breves, de decir con claridad, sin pausas y sin miedo, lo que realmente pensamos. Argentina, por ahora, debería mantenerse neutral. Quien afirma esto quizá no tenga una verdad absoluta ni pruebas contundentes, pero puede ser, al menos, el único camino que nos permita resguardarnos.