1 El viejo, ese anciano que vive en mí, de vez en cuando se entrevera en alguna conversación, real o imaginaria, y suele dejarme buenos consejos.Hace poco estuvimos hablando del tiempo y me decía que teníamos las puertas abiertas para septiembre. Tradicionalmente, septiembre ha sido presentado por poetas y escritores como un mes especial, maravilloso, lleno de alegría, colores, perfumes y, sobre todo, de promesas.Pero en nuestra zona no siempre es así. Muchas veces ocurre todo lo contrario y el clima se vuelve opresivo. Venimos de atravesar un julio y un agosto particularmente severos, marcados por el frío y los fuertes vientos, y ahora, a las puertas de septiembre, miramos hacia adelante con la esperanza de que lo peor haya quedado atrás.Queremos creer que esta vez será diferente. Que septiembre no llegará con malas condiciones, sino que hará realidad esa imagen tantas veces evocada: un mes de colores, de aromas y de días más benignos. Y que ese buen tiempo sea, especialmente, para el campo y para quienes trabajan y producen. Porque allí también se sienten, y mucho, las consecuencias de un invierno que ha sido particularmente duro.Por eso, mientras se acerca el comienzo de la primavera, hacemos votos para que septiembre nos encuentre con un tiempo mejor, más amable y generoso.Que esta vez la primavera no sea solamente una fecha en el calendario, sino también una verdadera señal de esperanza para todos.