7 Con apenas 26 años, el joven chavense continúa el legado de su abuelo y su padre en la tornería, apostando al trabajo, al esfuerzo y a la cultura del oficio.Hablar de Juan Ignacio Quinteros es hablar de esfuerzo, legado familiar y de un oficio que resiste al paso del tiempo gracias a jóvenes que siguen apostando al trabajo, al aprendizaje constante y a la cultura del hacer.Con apenas 26 años, Juan Ignacio representa la continuidad de una historia familiar profundamente ligada a la tornería, un camino que comenzó con su abuelo, Ángel Quinteros, continuó con su padre, Mauricio Quinteros, y que hoy sigue escribiéndose a través de sus manos, su compromiso y su decisión de no bajar los brazos ante la adversidad.En una entrevista con la Liga de Comercio e Industria de Adolfo Gonzales Chaves, Juan Ignacio abrió las puertas de su historia personal y laboral, marcada por recuerdos imborrables de infancia dentro del taller familiar, donde desde pequeño comenzó a admirar el trabajo de su abuelo y de su padre.“Son recuerdos muy lindos los que compartí en este taller con mi viejo y mi abuelo. Desde muy chico veía el trabajo que realizaban y recordaba los grandes proyectos que hacían juntos. Mi papá era fanático de armar Jeep y tenía conocimientos en todo tipo de máquinas. Cuando mi papá ya no estuvo, me tocó seguir a mí”, recordó.Su formación en la Escuela de Educación Secundaria Técnica Nº 1 General San Martín fue clave para fortalecer sus conocimientos y prepararse para el oficio que hoy desempeña con orgullo.“Fue de lo mejor que me pasó formarme en esa escuela. Lo aprendido me sirvió mucho para realizar los trabajos que hago en la actualidad”, expresó, destacando además el valor de la educación técnica y manifestando su deseo de poder brindar talleres escolares en el futuro.Pero detrás del crecimiento profesional también hubo un proceso profundamente humano. El 25 de agosto de 2019, Juan Ignacio atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida: la pérdida de su padre, Mauricio, quien falleció con apenas 48 años. A partir de entonces, debió asumir no solo la responsabilidad de continuar con el taller, sino también la de acompañar y sostener a su familia en medio del dolor.“Fue muy duro, pero salimos adelante. Siempre digo que fue muy importante mantener las amistades, porque fueron quienes me ayudaron a seguir. Mi papá me dejó este taller, sus clientes y también sus amistades, que hoy continúo manteniendo”, contó con emoción.Actualmente, Juan Ignacio continúa realizando trabajos de tornería, reparaciones de maquinaria agrícola y servicios vinculados a un oficio que requiere conocimiento, dedicación y vocación. Con clientes locales y de la zona, apuesta a seguir creciendo desde Gonzales Chaves, el lugar donde eligió construir su vida.“No me iría nunca de acá. Todo lo que tengo lo tengo en Chaves: trabajo, amistades y familia. Me voy unos días y ya comienzo a extrañar este lugar”, afirmó.Su historia también deja un mensaje inspirador para otros jóvenes: apostar por un oficio, sostenerse en el esfuerzo diario y no rendirse frente a los momentos difíciles.“Que sigan pese a los momentos difíciles que presenta la vida. Es ahí donde no se deben bajar los brazos, ya sea en una carrera o en el trabajo. Apostar siempre, porque todo se puede”, reflexionó.Con humildad, sacrificio y amor por lo que hace, Juan Ignacio representa a una nueva generación de trabajadores que mantiene vivo el valor de los oficios y honra, cada día, el legado de quienes marcaron el camino antes que él.