1Las últimas semanas volvieron a poner a Diego Castañino en el centro de la escena. Las batallas con Kevin Walter, las maniobras discutidas, los roces propios de la pelea por la punta y las opiniones encontradas que generaron algunos episodios recientes reabrieron un debate que, en realidad, acompaña al tandilense desde hace muchos años. Porque los grandes referentes nunca generan unanimidad. Generan admiración, respeto, críticas y discusiones. Y eso ocurre porque dejan huella. Castañino es, probablemente, el mejor ejemplo que tiene APAC para explicar ese fenómeno. Dueño de ocho campeonatos, máximo ganador de la historia de la categoría y protagonista durante más de dos décadas, se convirtió en una de esas figuras que terminan marcando una época. No sólo por lo que ganan, sino por el lugar que ocupan dentro de una especialidad. Hoy algunos lo aplauden y otros lo cuestionan. Pero lo cierto es que hay un camino de veinte años que explica eso. Cuando comenzó a hacerse un lugar entre los protagonistas, APAC tenía nombres de enorme peso como el «Gallego» Fernández, Pedro Alonso, Marcelo Suárez, César Donati, Edgardo Fernández, Fabián Etchevarne y varios referentes que marcaron a la categoría en los años 2004, 2005, 2006… Más tarde llegó la rivalidad que definió una era: la que protagonizó junto a José «Pepe» Larroudé. Aquellos duelos entre Tandil y Rauch se transformaron en una de las páginas más memorables de la historia de la divisional. Durante años compartieron campeonatos, victorias y récords, elevando la competitividad de APAC a niveles extraordinarios. Pero quizás lo más impresionante de la carrera de Castañino no sea haber ganado tanto. Lo verdaderamente excepcional es haber permanecido. Después de Larroudé llegaron Germán Orsi, Manuel García y Sebastián López Islas, pilotos que en distintos momentos lograron interrumpir o desafiar la hegemonía de los históricos. Más tarde apareció el tandilense Tomás Eracarret, quien ya había sido campeón de la Clase B. Pero, en ese mismo mapa de protagonistas que atravesaron distintas etapas de la categoría, se destaca Pablo Buduba. El rauchense merece una referencia especial no sólo por su nivel deportivo, sino por su trayectoria: con pasos por el automovilismo nacional, donde logró resultados destacados, y una presencia sostenida en el zonal durante más de dos décadas, se convirtió en uno de los nombres habituales en la pelea de adelante en APAC. Esa continuidad lo transforma en un rival recurrente en definiciones importantes y en parte del núcleo competitivo que acompañó gran parte de la era Castañino. Luego sí emergen Emanuel Macuso y Kevin Walter, representantes de una generación más reciente que llegó no sólo para competir, sino para disputar el liderazgo deportivo de la categoría. Las generaciones fueron cambiando, los protagonistas se renovaron y, sin embargo, Diego siguió encontrando la manera de mantenerse en la conversación. Ahí radica gran parte de su importancia. Y hay un dato que ayuda a dimensionar aún más su vigencia: Diego Castañino tiene apenas 41 años, una edad que en el automovilismo zonal lo mantiene en plena madurez competitiva y lejos de cualquier etapa de cierre. Sigue siendo un piloto vigente, protagonista y candidato permanente. Esa combinación entre trayectoria, vigencia y competitividad sostenida es lo que permite entender su verdadero lugar dentro de la categoría, más allá de los números y los títulos. Los campeonatos explican una trayectoria exitosa. La permanencia explica una leyenda. Porque para entender la dimensión de Castañino hay que observar contra quiénes compitió. Hay pocos pilotos capaces de decir que pelearon campeonatos con Fernández, Suárez y Trueba, y que, veinte años después, siguen disputando carreras contra pilotos nacidos en otra generación deportiva. Por eso resulta difícil imaginar la historia moderna de APAC sin su presencia. Y, al mismo tiempo, sería un error creer que el presente de la categoría depende únicamente de él. Todo lo contrario. Si hoy Castañino vuelve a estar en boca de todos es porque enfrente tiene rivales de enorme jerarquía. Kevin Walter no es solamente el campeón vigente. Es el representante de una generación que llegó para desafiar a los históricos. Es un piloto rápido, agresivo, ganador y con personalidad deportiva. El duelo que protagoniza actualmente con Castañino es exactamente el tipo de rivalidad que necesita cualquier categoría para crecer. Porque enfrenta al piloto más ganador de la historia con quien hoy porta el número uno y busca consolidar su propia era. Y alrededor de ellos aparece un escenario deportivo que cualquier categoría del país envidiaría. Pablo Buduba continúa siendo uno de los pilotos más sólidos y regulares del parque. Los mellizos Tambascio representan velocidad, talento y protagonismo permanente. Gabriel Castejón, con su experiencia, se consolida como uno de los animadores más importantes de la divisional. A ellos se suman nombres como Matías Castañino (sobrino de Diego), Maximiliano Donati, Octavio Callejo y varios jóvenes que empujan con la intención de escribir su propia historia. A la vez, pilotos como Diego Maciel, Marcos Muñoz y compañía continúan aportando protagonismo a una categoría que mantiene un nivel competitivo excepcional. Por eso APAC atraviesa uno de esos momentos que merecen ser valorados. Porque tiene campeones históricos. Porque tiene campeones vigentes. Porque tiene rivalidades. Porque tiene debate. Porque tiene distintos modelos y distintas marcas peleando adelante. Y porque tiene pilotos que todavía sienten que ganar importa. En ese punto aparece otro rasgo que explica la vigencia de Castañino. Con ocho campeonatos en el bolsillo podría correr pensando únicamente en los puntos. Podría especular. Podría administrar resultados. Podría conformarse con seguir sumando estadísticas. Pero no lo hace. Sigue corriendo para ganar. Y esa es, quizás, la razón principal por la que continúa siendo relevante. Puede gustar más o menos. Puede generar acuerdos o desacuerdos. Puede recibir aplausos o críticas. Lo que nadie puede discutir es que cada vez que se pone el casco sale a buscar lo mismo que buscaba cuando ganó su primer campeonato. La victoria. Ese espíritu competitivo es el que durante años lo llevó a enfrentarse con Alonso, Fernández, Donati, Trueba, Suárez, Larroudé, Vallo, Laucirica, Pedersen, Orsi, Domínguez, Etchevarne, García, Jaunarena, López Islas, Eracarret, Buduba, Bayala, Macuso, y ahora Walter. Los nombres cambiaron. Las épocas cambiaron. La categoría cambió. Diego Castañino siguió estando. Y quizás por eso sea un verdadero parte aguas en la historia de APAC. Porque más allá de los récords, los títulos o las estadísticas, terminó convirtiéndose en el punto de referencia con el que se mide cada generación que llega. Hoy Kevin Walter y una nueva camada intentan escribir su propio capítulo. Y eso también es una buena noticia para la categoría. Porque las leyendas no se construyen solamente por quienes dominan una época, sino también por quienes se animan a desafiarlas. APAC tiene la fortuna de contar con ambas cosas al mismo tiempo.R.M.S.